Primer Coronel: ni muy arriba, ni muy abajo o el arte de flotar en las FAR (III)

El ministro de las FAR, General de Cuerpo de Ejército Álvaro López Miera, saluda a un oficial de las Fuerzas Armadas con grados de primer coronel.

Este rango intermedio en la jerarquía militar otorga facultades especiales pero no de marcada influencia política como ocurre con los generales, en particular los viceministros de las FAR, jefes de ejércitos y unidades especiales. Resulta estratégico mantener este grupo reducido.


La decisión de las autoridades cubanas de adoptar rangos como el de primer coronel se basa en doctrinas y políticas militares, con el objetivo de fusionar el poder político y el castrense.

El ejército cubano cuenta actualmente con una fuerza activa estimada en 45,000 efectivos, según Global Fire Power 2025, un sitio web independiente que evalúa y clasifica anualmente las capacidades militares de las naciones en todo el mundo.

La misma fuente estima que hay otros 40,000 efectivos en la reserva.

Además, el régimen también dispone de fuerzas paramilitares (milicias y Brigadas de Respuesta Rápida) organizadas en agrupaciones de defensa territorial, cuya cifra podría alcanzar un poco más del millón, en caso de una movilización general. En estos casos, la cantidad no siempre equivale a calidad.

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Las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) han sido el núcleo central tanto de la estructura política como del Estado, especialmente desde 1959, cuando se consolidó su interrelación con el poder político, bajo el liderazgo de Fidel y Raúl Castro.

Desde sus inicios, los rangos militares en Cuba han reflejado no solo la antigüedad y la función dentro de la institución, sino también la lealtad política.

Reconocidos pero no ascendidos a general

La creación del rango de primer coronel permite reconocer a oficiales con una larga trayectoria, prestigio y experiencia, sin necesidad de aumentar significativamente el número de generales.

De esta manera se evita la proliferación de generales en un ejército relativamente pequeño.

Aunque la estructura militar cubana es limitada en términos de efectivos, su cuerpo de oficiales —y especialmente los generales— ejerce una influencia considerable dentro del sistema.

No obstante, existe un riesgo estratégico: esta práctica podría diluir el valor o la autoridad de los rangos de general.

En Cuba, los generales —en particular los viceministros de las FAR, jefes de ejércitos y unidades especiales— poseen no solo poder militar, sino también una marcada influencia política, por lo que resulta estratégico mantener este grupo reducido.

La doctrina militar cubana prioriza la defensa territorial y el uso de milicias y reservas, en lugar de depender de un ejército permanente de gran tamaño.

En este contexto, los primeros coroneles están llamados a comandar unidades regionales o de milicia, liderar zonas militares específicas o asumir funciones administrativas de alto nivel. Este nuevo rango encaja como una figura “intermedia”: diseñada para posiciones donde el rango de general sería excesivo y el de coronel, insuficiente.

Paralelamente, ante la escasez de oficiales subalternos (desde subteniente hasta capitán), el ejército oriental ha recurrido a adolescentes que finalizan el preuniversitario, instándolos a cursar una formación acelerada de cinco meses para graduarse como oficiales de tanques e infantería.

Esta urgencia contrasta con la formación regular de cuatro años que ofrecen centros como las escuelas inter-armas Antonio y José Maceo, y evidencia la carencia de oficiales jóvenes.

Esta política recuerda a la figura de los “maestros emergentes”, que inundaron las escuelas del país y contribuyeron al deterioro general de la educación en Cuba.

Díaz-Canel pone medalla a primer coronel del MININT

Simbolismo, prestigio y lealtad

En los Estados comunistas los rangos militares no solo representan la jerarquía dentro de las FAR, sino que también simbolizan el servicio a la revolución, la lealtad al Partido Comunista de Cuba y sus sucesivos líderes, Fidel Castro, Raúl Castro, o su designado, Miguel Díaz-Canel.

Grados como coronel, primer coronel y general están tan vinculados a la política como a la estructura de mando.

El sistema de ascensos militares en Cuba se ve profundamente influenciado por factores políticos, relaciones de compadrazgo y un fuerte espíritu de clan. En este contexto, el rango de primer coronel puede representar toda una vida de servicio y confianza política, permitiendo a un oficial alcanzar el estatus de “oficial superior” sin ingresar al reducido y exclusivo círculo de generales.

La jerarquía intermedia, diferenciando al primer coronel de coroneles y tenientes coroneles, permite al régimen recompensar la lealtad sin ampliar en exceso los mandos superiores, lo que ayuda a preservar el control político sobre las fuerzas armadas.

Los generales, por su parte, suelen tener una influencia significativa dentro del aparato estatal, por lo que su número se mantiene limitado estratégicamente.

¿Por qué existe hoy el grado de primer coronel en las FAR?

El rango de primer coronel responde más a razones de estatus y equilibrio político-militar que a una necesidad operativa estricta. Su creación refleja la influencia del modelo militar-socialista heredado de la Unión Soviética, China y Corea del Norte, y representa un legado directo de la cultura castrense soviética, a la que Raúl Castro siempre fue particularmente afín.

La introducción de este grado refuerza la jerarquía interna de la oficialidad, algo especialmente útil en un ejército que privilegia la lealtad política, el servicio revolucionario y los mandos regionales, incluso dentro de una estructura de tamaño reducido.

Por otra parte, los primeros coroneles gozan de un estatus jurídico especial: quienes ostentan este rango no son juzgados por tribunales civiles, sino por la jurisdicción militar, lo que refuerza su posición dentro del sistema.

El artículo 98.1 del nuevo Código Penal Militar establece que “los tribunales militares territoriales son competentes para conocer de los procesos penales que se originen por hechos delictivos cometidos en su demarcación, sancionables con privación de libertad igual o superior a veinte años, privación perpetua de libertad o muerte, y de todos los delitos que atenten contra la seguridad del Estado o constituyan actos de terrorismo; también cuando el comisor ostente el grado militar de coronel, primer coronel o equivalentes, o que, sin ostentarlo, ocupe un cargo al que corresponda por plantilla dichos grados o uno superior”.

Por su parte, el acápite 2 dispone que “la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo Popular conoce en primera instancia de los procesos penales que se originen por cualquier hecho delictivo cometido por un oficial superior en activo”.

Esta diferenciación legal ilustra una jerarquía privilegiada dentro de las fuerzas armadas, que bien podría interpretarse bajo la ironía de George Orwell en 1984, cuando señala: “Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros”.

Aunque el ejército cubano es de tamaño reducido, su sistema estratificado de rangos responde a una tradición heredada de los ejércitos socialistas de Europa del Este, al control político del régimen y a necesidades estratégicas específicas. La introducción de nuevos grados permite promover a oficiales leales sin inflar desproporcionadamente el número de generales, preservando así una estructura de mando compacta y políticamente controlada.

Primer coronel Moraima Bravet Garofalo, Dirección General de Investigación Criminal MININT

Además, el rango de primer coronel actúa como un puente para oficiales experimentados que asumen funciones en el Estado Mayor y posiciones de liderazgo estratégico.

Esto es especialmente evidente a nivel provincial, donde el número de provincias pasó de seis (más un municipio especial) en la década de 1970 a quince en la actualidad.

En consecuencia, también se ha duplicado el número de jefes provinciales del MININT o de responsables de regiones militares en cada provincia.

En la cúspide de la alianza entre La Habana y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, las insignias militares y accesorios del ejército cubano eran fabricados en la URSS, con estándares de diseño propios de la parafernalia soviética.

En contraste, hoy día los grados militares son rudimentarios, carentes de bordados o charreteras, y las insignias se reducen a estrellas de plástico adheridas a los uniformes.

Esta simplificación afecta por igual a las FAR y al MININT. La abundancia de insignias y estrellas de distintos tamaños, símbolo del esplendor soviético, desapareció con el colapso de la URSS.