Reinier Meneses, un médico cubano que llegó a Estados Unidos en 2021, lleva casi cuatro años esperando saber qué pasará con su caso de asilo político. No tiene fijada fecha de corte pero se ha imaginado en varias ocasiones el momento en el que pueda explicar ante los jueces de inmigración las razones por las que abandonó la isla.
Cuando salió de Cuba, trabajaba como anestesiólogo en el Instituto de Neurología y Neurocirugía de La Habana. Anteriormente, formó parte del Grupo de Trasplante Hepático Nacional del Hospital pediátrico William Soler. En su familia, la mayoría médicos, varios habían desertado de las misiones y enfrentado las represalias que el régimen impone a quienes lo hacen.
En EEUU, Meneses sacó la licencia de asistente médico, trabaja en un hospital en Miami, paga los taxes cada año y está estudiando para revalidar su título. El hombre, de 42 años, dice que cuando cruzó la frontera por el Río Bravo hubiese querido explicar las arbitrariedades del sistema político y de salud que sufrió en carne propia, pero le entregaron un I-220A —una “Orden de Libertad Bajo Palabra” que las autoridades migratorias de EEUU otorgaron indistintamente a ciertas personas que fueron detenidas durante un periodo después de 2017 y hasta al menos el 2024.
Su caso es el de miles de cubanos que han pedido asilo en EEUU para evitar la deportación y con la esperanza de regularizar su estatus migratorio algún día. A los cubanos con I-220A se han sumado los que entraron por CBP One y el programa de parole humanitario, luego de que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) indicara que podrían ser deportados de manera acelerada.
Expertos consideran que en la mayoría de los casos, el asilo no es la solución sino "una manera de ganar tiempo".
Desde 2021, el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de EEUU (USCIS) comenzó a registrar un aumento sin precedente en las solicitudes de asilo de cubanos. Solo en 2023, más de 78.000 solicitaron asilo en el país, según cifras oficiales. En los últimos cuatro años el número superó los 146.000.
Además, hay más de 1 millón de solicitudes de asilo pendientes en EEUU, una cifra récord. Esto podría resultar en varios años de espera para los inmigrantes antes de conseguir una decisión en sus casos. En 2010 la acumulación de casos anuales rondaba los 16.000.
Los casos de asilo son difíciles de ganar, según expertos
A pesar de que en Cuba existe una dictadura que ha perdurado por más de 60 años, restringiendo libertades fundamentales, esto no garantiza que un cubano logre obtener asilo en EEUU. El asilo por opinión política es el más habitual en las aplicaciones de los cubanos, señala el abogado de inmigración Eduardo Álvarez. Sin embargo, aclara que cada caso se evalúa de manera individual, considerando pruebas específicas de persecución y riesgo en el país de origen.
"La ley requiere pruebas de que si eres devuelto a Cuba vas a sufrir de manera individual, por una circunstancia que es puntual a quien aplica, y no a condiciones generalizadas del país", dijo Álvarez, añadiendo que "incluso hay casos fuertes en evidencias que no ganan".
En EEUU todos los inmigrantes pueden solicitar asilo en el primer año después de su llegada porque "es un derecho que se tiene por estatuto e independientemente de cuán fuerte o cuán débil sea la aplicación", explica el experto.
El índice de éxito en los casos de asilo varía según el estado donde se solicite, pero "incluso en Nueva York, uno de los lugares con mayores índices de éxito, solo se ganan en torno al 20 o 30% de los casos", indica Álvarez. En Miami se ganan menos del 10%, señala.
Para Avelino González, abogado de inmigración del sur de la Florida, el asilo está siendo en la mayoría de los casos un "malabarismo de los abogados" para "ganar tiempo porque no se sabe qué va a pasar". El experto considera que "las posibilidades reales son muy ínfimas".
Gónzalez cree que en el caso de los miles de cubanos que han aplicado al asilo, sobre todo los que recibieron el I-220A, están tratando de ganar tiempo hasta que suceda algo que cambie su situación, como que se emita "alguna ley" que los favorezca.
También se puede apelar una decisión en un caso de asilo para prolongar o evitar el proceso de deportación, dijo. El primero de sus casos en recibir una negativa a su solicitud "está en estos momentos en la Corte de Apelaciones de Atlanta".
Según el abogado Álvarez, una apelación "pone en pausa la orden de deportación y por consideraciones de debido proceso, no se puede ejecutar hasta que el recurso no sea agotado".
El asilo, otro limbo migratorio
En 2023, EEUU recibió su número más alto de solicitudes de asilo, duplicándose con respecto al año anterior, según cifras de la Oficina de Estadísticas del Departamento de Seguridad Nacional (OHSS). Aunque la ley establece que un caso de asilo debe completarse en 180 días, "los retos logísticos son inmensos, extendiendo el proceso a dos años o más", apuntan los expertos.
No es solo la imposibilidad de una deportación mientras se procesa un caso de asilo lo que hace que algunos miren con esperanza esta alternativa, también el tiempo que pueden permanecer en el país, incluso después de haberles sido negada la solicitud e iniciarse un proceso de deportación.
El abogado Álvarez explica que "antes había mucha gente que durante años tenía orden de deportación y permanecía en el país por 10 o 15 años, sin ningún tipo de problema" porque dependía de "qué tan alto estés en la lista de prioridades de aquellas personas que son deportadas". Pero ahora "las cosas han cambiado", indica.
La actual Administración ha impulsado las deportaciones masivas de inmigrantes desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Álvarez señala que "hay una movilización de recursos mayores para deportar a las personas con orden de deportación. Entonces, esa seguridad que antes había al tener una orden de deportación y carecer de antecedentes penales u otro problema, ya no existe".
Los solicitantes de asilo se encuentran en una especie de limbo porque, aunque no pueden ser deportados, tampoco pueden salir del país. Álvarez explica que tampoco pueden solicitar préstamos estudiantiles federales o estatales, entre otras limitaciones.
Para González, estos procesos de deportaciones son complejos precisamente porque muchas personas “están integradas a la comunidad, tienen negocios, pagan impuestos, tienen deudas de tarjetas de crédito, tienen rentas. Si los sacas de un momento a otro, ¿qué pasa con ellos y con la comunidad? A la larga los van a afectar", apuntó.
Meneses, quien espera con paciencia la evolución de su caso de asilo, dice sentirse tranquilo.
"Tengo mucha fe en que, cuando termine esta 'cacería' con los inmigrantes ilegales que han cometido delitos, nos regularicen", dice el médico, que en estos casi cuatro años se ha establecido en Miami, donde viven también sus hijas y la mayor parte de su familia.
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